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martes, 14 de junio de 2011

Ocaso

Capitulo IV

De vuelta a casa.



-Cierra la boca… ya te comiste otra mosca!

Me pare muy erguida y ladee mi rostro en direccion al lugar de donde venia la voz.

James estaba recostado en el marco de la perta, jugando con el cordon de plata de su llavero, la enorme B plateada chocaba estridentemente contra las tantas llaves sujetas a el. Sin poder evitarlo mi cuerpo se debilito y mi Corazon dio un salto, senti que la sangre llego a mis mejillas y mis piernas comenzaron a temblar.

-James… dijiste que no vendrias.

-Siempre digo eso. No se por que te sorprendes… A proposito, que haces aqui todavia? Tu turno termino hace 30 minutos- Se paro frente a mi, con el mostrador en el medio, dividiendo nuestros cuerpos.

-Ni siquiera he visto el reloj- finji desinteres- asi que, estas preocupado por mi retraso?

James se rio, de la manea que lo hace cuando vemos peliculas de comedia y sacudio su cabello en un gesto de burla.

-Fui a la Universidad, mi auto se averio y decidi buscar a mi odiosa hemanita, para que me lleve a casa, gratis.

-Solo tengo tres cosas por decir. Una, no soy tu odiosa hermanita. Dos, no soy transporte de beneficencia y tres… tu dijiste que no irias a la Universidad, te arrepentiste?

James entorno los ojos con un gesto de fasidio, y comenzo a cerrar las ventanas, asegurandolas con candados y cadenas de acero… excentricidades de Maxim..

-No quiero ir a la Universidad, pero conoces a mi padre. Asi que lo pense, y si tengo que estudiar, entonces es mejor que encuentre cuanto antes una carrera que no me fastidie.

-Como el baile?- inqueri, recordando lo buen bailarin que era James en la escuela.

-Estas demente- se giro, mirandome con hastio- mi padre esa doctor, mi hermano pronto sera abogado, mi madre era economista. Tengo un prestigio familiar que cuidar… sere arquitecto, o periodista, no se, hay demasiadas cosas en las que puedo ser bueno… Es horrible no tener bocacion para algo mas que ser asesino, lo sabias?

-Eres gay?- no pude evitar sonreir al decirlo, solo recorde a chicas hablando sobre chicos homosexuales que querian se periodistas.

James, que ya habia terminado de cerrar el local completamente y actiar las alarmas, se giro directo a mi auto y se sento frente al volante. Lo segui un momento despues, cuando escuche el motor ensendido. Me senti culpable al pensar que quizas lo habia ofendido.

Me sente a su lado y fije la vista al frente, pregutando que podria estar pensando.
No hablo en casi todo el camino, pero de vez en cuando me dedicaba una mirada fugitiva y me sonreia de manera complice.

-Me descubriste, Laam- dijo, antes de llegr a su casa- Estoy secretamente enamorado de Orlando Bloom y mi anhelo mas grande es parecerme a Paris Hilton- sonrio malvadamente y me guiῆo un ojo.

-No te burles-le espete, recordando mis extraῆas confesiones sobre amar a Orlando y envidiar el estilo de Paris.

-Entonces no preguntes estupideces.

-Eso quere decir que no eres gay?

-Soy tan gay como tu eres una seῆorita con estilo de supermodelo que posa desnuda cada semana en revistas para hombres.

Silenciada, con esto guarde la compostura en el poco camino que quedaba antes de llegar a casa. Tenia las manos, aferrada a mi estomago, parecia que una terrible batalla se stab librando dentro de este. Tenia hambre, para que negarlo? Pero no podia permitirme el ser descubierta por James, me avergonzaba demasiado.

Cuando llegamos a su casa, que estaba antes de la mia, James se desvio y comenzo a aparcar en su garage, apago el motor y abrio la puerta para salir.

-Hey, el auto no es tuyo. Es mio- grite.

El, con el semblante asombrio, abrio la puerta a mi lado y me lanzo su chaqueta con severidad.

-No se si eres anorexica, o solo perezosa- mascullo- mi padre me pidio que te cuidara y eso implica alimentarte.

-No soy un animal al que debas alimentar- replique con rabia.

-Oh, entonces eres una muy Buena actris.

Antes de replicar nuevamente, James tiro de mi brazo y me hizo entrar a su casa a empujones.

Comi, a regaῆadientes los spagurtti que el me preparo y cuando termine, olvidando mis modales sali de su casa y corri directo a la mia.

Me pare frente a la puerta y me golpee la cabeza en la pared, al recordar que todo mi conjunto de llaves se habia quedado con James. Lo peor era el frio, ya habia oscurecido y mi ropa no era lo suficientemente calida.

De repente unos brazos extremadamente calidos me redearon por la espalda, me di la vuelta, sabiendo sin ver, que era James, y deslice mis brazos por debajo de su chaqueta.

-Sabes que odio cuando te molestas por ese tipo de cosas- dijo cerca de mi oido, su aliento frio haciendome estremecer.

-Y yo odio que me trates como mi padre.

-Entonces, debo dejar que te mueras de hambre?- sus manos subieron hasta mis hombros y sus manos comenzaron a jugar con mi cabello.

-Claro que no- susurre.

Me quede en silencio, abrazando a James, sintiendo su calor y el movimiento de su pecho al respirar. Su aroma a lavanda me hacia sentir anestesiada. Mi rostro rozaba su cuello y de repente me pregunte, sonriendo mentalmente, como se sentiria morderlo.

-Entra ya. Hace frio- James quito las manos de mis hombos y me dio un beso en la frente.

-Gracias- dije antes de entrar

M e di la vuelta y note algo no habia persivido al estar con James… olia a rosas. Ladee mi cuerpo y ahi estaba, sentado en el sofa con mi copia de Danger days en las manos.

-Jared- dije, con mi rostro en blanco por la sorpresa

El sonrio con inocencia autentica.

-Hola Laam… puedo quedarme esta noche en tu casa?



 Laam

jueves, 19 de mayo de 2011

Ocaso

Capitulo III
Dj. Maxim

Me desperte con un dolor que me martillaba la cabeza. A mi lado la sabanas lucian arrugadas y a punto de caer al suelo, lo que significaba que James habia pasado la noche conmigo.

Tiempo atras, despues de la muerte de mi padre, el se quedaba en casa todas las noches, acompaῆandome cuando la depression y la soledad me provocadan pesadillas, y pasaba las noches en vela, por miedo de dormir.

Desde que James rompio con Katy, nuestra relacion cambio radicalmente, no se si para empeorarla, ahora era mas frio… mas distante. Supuse que quizas James me culpaba por su ruptura, Katy siempre estaba celosa de nuestra relacion, a pesar de no tener ningun motivo… motivo… el recuerdo de los labios de James sobre los mios barrio con la poca serenidad que conservaba y me provoco un aceleramiento en el pulso.

Me incorpore de la cama de un salto. Deslice mi pajama y vi mi reflejo en el espejo: semidesnuda con bra y panties de color negro que resaltaban mi palidez. Mi cabello negro alborotado caia a medias sobre mi rostro, resaltando el raro verde lima de mis ojos.

“Para alguien que ha dormido tanto, te vez fantastica”, me dije a mi misma.

Camine en silencio hasta la ducha, y al girar el pomo, este fue empujado por una fuerza que no era mia. Di un paso atras, asustada, y me cubri los labios con una mano para no gritar.

Frente a mi, James usando la misma ropa del dia anterior, pero con una frescura renovada. Por su cuello pequeῆas gotas de agua deslizandose hasta desaparecer por debajo de su camiseta. En vez de lavanda, como de costumbre, olia a mi shampoo de limon.

Me quede paralizada, observndo como mi “casi hermano” recorria mi cuerpo semidesnudo con una mirada intensa y una sonrisa oscura dibujada en sus labios.

-!James!- grite, saliendo de mi paralisis temporal.

-Que?- me respondio, encogiendose de hombres en un gesto de desinteres.

Sin decir otra palabra, me gire y camine hacia la cama, tome una de las sabanas y me envolvi en ella. James me siguio, hablando sobre lo escandalosa que era y riendose abiertamente.

-Por que te ries?, depravado… obseno!

-Obseno yo?, tu eres la que me recive semidesnuda… asi recives a todas tus visitas?

Abri la boca para decir algo y volvi a cerrarla de nuevo. Tome las almohadas y cualquier cosa solida con la que pudiese golpearlo y commence a lanzarselas.

-Vete… y no vuelvas- masculle , tomando un reloj de plastico y lanzandose directo a la cara. Por supuesto, James lo esquivo con facilidad, era agil y eso era un punto a su favor. Saliendo de la habitacion comenzo a desender por la escalera, hasta detenerse en medio de la sala, alzando sus manos.

-Ahora me marchare… y no regresare nunca mas- se giro gracilmente y avanzo hacia la puerta, la abrio y se detuvo- No supliques- dijo- te ves patetica haciendolo- concluyo, con una sonrisa malisiosa.

Llegue a la puerta para hacegurarme que James ya se habia marchado. Puse el seguro y me lance al sofa, envolviendome en la sabana. Me mordi el labio y sonrei como una tonta al recordar la expression de sorpresa de James… Dios, pero el era mi mejor amigo, no me podia permitir sentir esas cosas y arruinarlo todo.

Diambule de nuevo rumbo a mi habitacion. Cogi unos jeans negros y una camiseta verde con cintas que rodeaban mi cintura. Recorde al llegar a la puera que no podia salir descalza, regrese a mi cuarto sientiedo ansiedad al ver el lugar donde James habia dormido… tome mis zapatillas negras y sali.



Detestaba manejar, pero no habia otra manera de llegar al trabajo. Conduje a una velocidad prudente, exaltandome con cada ser viviente que aparecia a las orillas del bosque, recordando a Jared.

Cuando llegue al Planeta del ritmo, la tienda de discos donde trabajaba, Dj Maxim me recibio con un saludo de fumador, alzando su cigarillo y mostrandome sus dientes amarillos… Su largo cabello rojo habia sido reemplazado por unas rastas cortas de color negro, y un nuevo piercing adornaba su ceja derecha. Su ropa gastada, vintage y negra, tambien habia sido cambiada por ropa holgada y de colores.

-Hey hermana, sabias que ya llego la nueva coleccion del dios Marley que encargaste a la disquera la semana pasada?- inquirio, con voz aspera.

-No tenia ni idea. Supongo que el reggae es tu fuerte, asi que dejo todo en tus manos.

-Suave- dijo, moviendo la cabeza ligeramente. Dio otra calada a su cigarro y me lanzo las llaves del local en medio de una nuve de humo- Te veo maῆana hermana. Paz.

-Paz- respondi, hacienda la V con mis dedos.

No era una sorpresa que de repente a Maxim le gustara Marley y cambiara su cabello largo por rastras, cuando dias atras se habia vestido todo de platino y habia adquirido varios discos de musica electonica. De hecho, Maxim cambiaba de cultura, prototipo, arquetipo y gusto musical cada semana, si era posible.

Mi trabajo consistia en recomendar discos y convencer a la gente de comprar la mayor cantidad de estos. No me disgustaba, todo lo contrario, tenia una muy buena intuicion con respecto a que tipo de musica recomendar, por el simple hecho de ver la ropa y la actitud de quien estuviera en busqueda de nuevos ritmos.

Al atardecer la tienda estaba tan desierta como mi estomago sin comida. La politica de Maxim era llevar al trabajo comida sana, hecha en casa. En la maῆana, con toda la locura de James en mi cabeza, me olvide de desallunar y preparar el almuerzo.

“Tienes gastritis”, habia dicho el Dr. ,Morland tres meses atras. Desde entonces le habia hecho creer a el y su familia que me tomaba la enfermedad muy en serio.

Ni siquiera me culpaba por mis propios descuidos. Los huerfanos son asi, descuidados.

lunes, 7 de marzo de 2011

Ocaso

Capítulo II
Soledad

Dejé que Jared durmiera en mi habitación, mientras tanto yo dormiría en la antigua habitación de mi padre. Desde su muerte jamás había vuelto a entrar en ella. Al abrir la puerta me recibió un golpe de soledad, mezclado con aroma de tabaco y café. Tiré de mi misma a la cama con sábanas azules y me abracé del edredón. Todo seguía intacto, los viejos muebles, el tocadiscos de la abuela, el escritorio con su silla de madera, su arma de cazador. Incluso percibía su olor, su presencia.
Entre recuerdos, me quedé profundamente dormida. Al despertar me di cuenta de que toda la habitación olía a rosas. Me incorporé súbitamente y palpé mi ropa que aún seguía húmeda. No quise molestar a Jared, después de que James se marchó y me dormí con la ropa mojada puesta. Tuve la rara impresión que el olor a rosas presagiaba una enfermedad por mi descuido.
Caminé sin hacer ruido hasta mi habitación, intentaría tomar ropa sin despertar a mi bello invitado. Sin embargo al abrir la puerta, descubrí que no había nadie. El corazón me dio un salto inesperado y todo mi cuerpo se llenó de temblores. Busqué en el cuarto de baño, en la cocina, en la sala, en el patio. Llamé a Jared, pero no hubo respuesta… Jared se había marchado.
Luego de tomar un corto baño y vestirme con las primeras prendas que encontré en mi camino, corrí a la casa de James, salté la pequeña cerca divisoria de la fachada y llamé al timbre una vez… luego dos… y tres… y muchas veces más. Nadie respondió.
Regresé a mi casa, tomé el teléfono y llamé al móvil de James. Tampoco hubo respuesta. Llamé a Austin, su hermano y me respondió el buzón de voz.
Gaste el da completo en un intento por no llorar. Jared se había ido sin ninguna explicación al igual que James. Recordé mi noche entre los recuerdos de mi padre y aquello me hizo sentir peor. Esta vez no sólo me sentía sola, estaba sola. Deambulé por mi casa sin noción del tiempo, por primera vez no había música en mis oídos, algo no muy común por mi condición de melómana. No había restos de comida en mi organismo, sin embargo no tenía hambre.
Busque mi  rincón favorito, un estrecho hueco bajo las escaleras. Me acurruque, abrazando mis rodillas con mis brazos y dejando caer la cabeza sobre ellas. Cerré los ojos y me negué a pensar… al escuchar vagamente el tintineo de llaves acercándose, todas mis terminaciones nerviosas temblaron, y mi pulso se aceleró violentamente. Levante la cabeza en un impulso y escuche que la puerta se abría. Bajé el rostro para tratar de ver y encontré a James lanzando las llaves sobre la mesita de centro.
Si no me hubiese sentido tan triste la vista hubiese sido espectacular. James llevaba puestos unos pantalones deportivos de color verde musgo colgando bajos de su cadera. Cargaba una camiseta blanca sobre su hombro, dejando al descubierto su blanca y bien formada anatomía. Su abdomen lucia perfecto, mandando pequeñas tonalidades oscuras a  los músculos bien marcados de la cadera. A pesar de ser delgado, el cuerpo de James era atlético… humanamente perfecto.
No me vio al entrar  y escuche el eco de sus pasos por encima de mi cuando subía por la escalera.
Después de tener una visión tan brillante de mi mejor amigo, me observe a mi misma. Mi esplendida vestimenta era un pijama largo de color marrón, estaba descalza y mi cabello era un desastre. Bajé la mirada hasta mis manos, que también eran un desastre, frías y descuidadas. Sentí compasión de mí.
-          Qué haces aquí?  Peti –  James me observó por encima de sus pobladas cejas.
Di un pequeño salto por su aparición inesperada. Abrí la boca para decir algo, pero no supe que. Ahora James llevaba puesta su camiseta y sus pies estaban descalzos como los míos. No tuve tiempo de quejarme, cuando lo vi deslizarle en mi rincón, intentando acomodarse frente a mí, como cuando éramos niños y nos escondíamos de nuestros padres.
-Rayos! Este lugar se ha encogido, desde la ultima vez que lo usamos- masculló alegremente, mientras extendía sus piernas una a cada lado de mi cintura, haciendo descansar sus pies en el pedazo de pared.
De repente me sentí incomoda, sabia que me había sonrojado. James lo notó y tomo mis pies con sus manos, los elevó y los colocó sobre su abdomen, que se sentía extremadamente cálido… Me sentí literalmente enredada, él y yo estábamos frente a frente, yo estaba mucho más cómoda y también más ruborizada.
-          Ahora me dirás que haces aquí?- mas que una pregunta era una exigencia, apartó las mechas desiguales de su cabello que se deslizaron sobre su frente y me observó detenidamente.
-          Me siento sola, James- dije, y respire hondo- toda la gente que conozco me abandona. Primero mamá, luego papá, Jared… se fue… y tú también.
-          Yo no me he ido. Mírame, aquí estoy… Esta mañana salí en busca de mi padre, anda de cacería otra vez- rió suavemente- traté de llamarte, pero…
-          Pero te estas cansando d mí, verdad?... estás cansado de preocuparte por mi a cada momento- imaginé que diría alfo parecido y sin pensarlo las palabras se escaparon de mis pensamientos
-          No me cansado de ti, pero lo haré pronto si te sigue comportando de esa manera tan tonta- dijo, con tanta frialdad que sentí que  me rompió pòr dentro.
Sus palabras me golpearon con dureza, mas bien, me estrujaron, lapidaron, ametrallaron, o cualquier palabra semejante.
Mis lagrimas brotaron a pesar de mi intento por evitarlo. James seguía observando me esa manera tan fría  como lo hacia a veces. A caso no comprendía lo mucho que me lastimaban sus palabras?. Me sentía sola y triste y la verdad, lo que decía James, no me ayudaba en mucho.
Bajé el rostro permitiendo que las lágrimas corrieran, sin sollozos ni lamentaciones. El freno y la moderación desaparecieron, y me permití llorar amargamente, cubriéndome el rostro con las palmas de mis manos.
Generalmente evitaba llorar a toda costa, y prefería reprimir mi dolor en el hueco del estomago. Esa noche lloré como un bebé, dejé salir todas mis frustraciones. Las pequeñas punzadas de dolor en mi cabeza me hicieron saber que era el momento d detenerme.
James me dio un pañuelo azul, lo tome a regañadientes y seque muy bien mi rostro.
-T e sientes mejor?- pregunté, con voz suave.
Escuchar la pregunta hizo que mi sangre hirviera, hasta que me di cuenta que realmente me sentía mejor. Afirme con la cabeza, mientras respiraba profundamente.
-          Te das cuenta que lo único que necesitas es llorar?- su voz cayó en un susurro y el pequeño destello azul de sus ojos, me hizo comprender sus verdaderas intenciones.
El sabía que sus palabras me lastimaban, y también conocía lo orgullosa que yo era, claramente no había otra manera más que esa para obligarme a llorar.
Me lancé a sus brazos, sintiéndome como tonta, rodeé su espalda con mis brazos y él masajeó mi cabello con la punta de sus dedos.
-          James, eres un imbécil.
-          Lo sé.
-          Te odio.
-          Eso no es verdad. Tú me quieres, tanto como yo… me quiero- sonrió cálidamente.
Permanecimos en silencio, aún con mi cuerpo impuesto sobre el suyo, mi cabeza descansaba sobre su hombro y el calor de su cuerpo me confortaba.
-          Oye petite, vete a la cama, es tarde- susurró y besó mi frente. Alce el rosto y junté nuestras frentes.
-          Quédate, no quiero quedarme sola- las palabras salieron arrastradas por el sueño.
Me sentía embriagada, el rostro de James se sentía tan suave sobre el mío, solo quería sentirlo un poco más. Froté mis mejillas contra las suyas, y al hacerlo una serie de escalofríos recorrió todo mi cuerpo. James puso su distancia, como siempre lo había hecho. M e sostuvo con fuerza y me empujó para hacer que me levantara. Pero antes de que mis pies se hubieran movido, en un movimiento realmente confuso, los labios de James tocaron los míos. Antes de que él pudiera apartarse, me abracé de su cuello y apreté mis labios contra los suyos.

domingo, 13 de febrero de 2011

Ocaso

Capítulo I. Jared

Había comenzado a llover, las pesadas gotas de lluvia hacian tambalear las ramas de los árboles alrededor del bosque, a un lado de mi camino.
Los destellos cegadores de cada relámpago llanaban de luz la oscura carretera. Llovía tanto y tan fuerte que había dejado de escuchar la música dentro de mi auto.
Pensaba en James, esa mañana cuando salimos a desallunar juntos, mientras tomaba su tasa de café matutino, una rutina diaria para terminar de despertar, él dijo algo que vagó por mi mente el día completo.
-¿Recuerdas a Katy?- su ex novia- la ví esta mañana antes de encontrarte- dijo, balanceando la pequeña tasa verde entre sus blancos dedos.
Acentí con mi cabeza y pensé en ella. Katy era, sin temor a equivocarme, la chica más bella que había visto alguna vez. Cabello rubio, ojos verdes, cuerpo de supermodelo, facciones perfectas... Ah, sí, la reina del carnabal de Valle Gris.
Aún no comprendía porque James la había dejado, y menos comprendía porque eso me había hecho tan feliz. Teniendo en cuenta que él era mi mejor amigo, el único que estuvo a mi lado desde mis tiempos de colegio, mi compañero de baile, mi vecino y mi cocinero personal, el quererlo solo para mí no era una idea tan descabellada...
Pero Katy había vuelto a aparecer en su vida, si se encontraron posiblemente intercambiaron sus números de teléfono y posiblemente volverían a encontrarse. Cuando James me lo dijo en la mañana casi me atraganto con mi capuccino. ¿Cómo explicarle a mi mejor amigo que la idea de verlo con su ex novia me enferma, literalmente?.
Las posibles respuestas a mis cientos de preguntas aparecian como los relámagos que iluminaban mi camino. Me sentía ansiosa y la incesante lluvia sólo abonaba a mi malestar.
Empujé el acelerador y tomé el volante con fuerza. Me incliné hacía adelante en cuanto un relámpago dejó al descubierto la silueta borrosa de una persona tambaleandose frente a mi auto. Mi pulso se aceleró y creo que por un minuto me olvidé de respirar. Mis manos temblaban y sudaban frío.Pisé el freno sin titubeos , pero fue demasiado tarde. Con el rechinar de las llantas en el húmedo asfalto y un golpe sordo, ví como golpeé a la persona con el frente de mi auto. Mi víctima voló por los aires y cayó a varios metros de distancia, sobre la tierra mojada.
Entré en pánico por la impresión y bajé del auto con mis piernas sintiendose como goma y mi corazón amenazando con salirse de mi pecho. Me quedé paralizada, con las manos temblando sin control.
Ví en la distancia el cuerpo tumbado de la persona a la que golpeé. Mis lágrimas comenzaron a caer sobre mi rostro, sabía que tenia que ser valiente y tratar de reparar el daño que había hecho.
Saliendo de mi letargo repentino, comencé a caminar lentamente, evitando caerme en cualquier momento. Me acerqué con cuidado al cuerpo... sé que es ridículo, pero recordé horrorizada una escena de "Sé lo que hicieron el verano pasado". Me detube y respiré tanto aire como pude.
Recuperé un poco de cordura y me acurruque frente a él, porque era él. Un chico que parecía tener mi misma edad. Llevaba el cabello negro, largo y muy mojado, su piel era muy blanca, pálida y parecia aterciopelada. Vestía con unos jeans negros y una camiseta roja, a demás de botas al estilo glam de ls 80's y una chaqueta de cuero con muchas cremalleras... Era hermoso aún inconsciente... "Inconsciente", la palabras hicieron eco en mi cabeza.
Lo sacudí, tomándolo suavemente por los hombros, un gemido salió de su garganta y poco a poco abrió los ojos que eran del color de cielo. El color azul destelló ferozmente con un relámpago. Sus bellos ojos y sus labios rosa pálido se adhirieron a mi visión como un fuego doloroso.
-Ayúdame- susurró y sus ojos volvieron a cerrarse.
Tomé mi móvil, desendo que no se hubiese estropeado con la lluvia y marqué el único número que tenía en mente desde el principio.
James respondió al tercer timbrazo.
-¿Dónde estas?, ¿Por qué no has llegado todavía?- fue su respuesta.
-James, te necesito... estoy en la carretera camino a casa, arrollé a alguien-sollosé.

Diez minutos más tarde las luces del Porshe rojo iluminaron mi vieja camioneta gris.
La expresión en el rostro de mi mejor amigo me dejó ver su desconcierto, al verme de rodillas frente a una persona inconsciente.
James se acercó despacio, apartando el cabello de su rostro y con los ojos entecerrados. Sus labios estaban cerrados en una fina linea. Esperé que sus reproches por mi distracción o sus preguntas mareadoras, llenas con una pizca de sarcasmo empeoraran la atmósfera. James en cambio mantuvo su distancia y guardó silencio.
-¿Quién es él?- fue su primera pregunta.
-¿Cómo demonios voy a saberlo?- grité enfurecida- aún no nos hemos presentado formalmente, acabo de atropellarlo.
Me encontraba iracunda y verlo esconder una pequeña sonrisa me hizo enfurecer todavía más.
James no volvió a decir nada, tomo al hermoso extraño y lo subió a la parte trasera de su auto. Le pedí que lo llevara a mi casa y yo lo seguiría detras.
-Sólo ten cuidado de no chocarme- dijo, con una sonrisa de demonio.

La lluvia había cesado considerablemente cuando el Porshe fue estacionado a las afueras de mi casa. James cargó al bello durmiente hasta mi habitación  y lo cubrió con todas mis sábanas azules.
-Vete- me ordenó- le prestaré algo de mi ropa.
Él siempre guardaba una pequeña cantidad de ropa en el cuarto contiguo, supongo que para ocaciones menos desafortunadas como esa. Quince mitutos más tarde apareció bajando las escaleras hasta donde yo lo esperaba.
-¿Cómo está?- las palabras se escaparon de mis lábios.
-Está bien... Se llama Jared, me lo dijo antes de volver a quedarse dormido.
James de repense pareció estar tenso. El frio por mi ropa mojada me había hecho temblar. Me levanté del sillón y lo abracé, sus brazos se sentían rígidos y no pude evitar darme cuenta que algo andaba mal con él.
-Gracias- le dije en un susurro.
James tomó mi cara con ambas manos, y sus ojos azul cielo se clavaron en los mios acercandose peligrosamente.
-¿Quiéres que duerma contigo esta noche?- preguntó.
Su pregunta no era extraña, muchas veces se quedaba conmigo para cuidarme, especialmente cuando me enfermaba.
-No es necesario, estaré bien.
Observé cuidadosamente sus pómulos tan finos que parecían haber sido esculpidos en porcelana. Él era tan bello.
-Ten cuidado con él, mucho cuidado, no lo conoces, no te confíes.
Para decirlo se acercó tanto a mí que por un mínimo memento llegué a creer que me besaría... peor aún, dejé de moverme, esperando que lo hiciera.
Y James me besó... en la frente. Salió de mi casa cerrando silenciosamente la puerta tras él, mientras yo dejaba escapar un profundo suspiro por mis anteriores pensamientos.
James, era mi mejor amigo, para él era como su hermana, así lo decía su padre. Jamas me besaría, él sólo quería protejerme, y yo de repente había deseado que lo hiciera. Y entonces recordé a Jared y mi corazón se aceleró. Tal vez lo que sentía por James era una cosa totalmente diferente a lo que comenzaba a sentir por Jared.

viernes, 4 de febrero de 2011

Ocaso

Prólogo.

Conducía hacia mi casa en un viernes 13, uno de esos días a los que la gente estúpidamente suele atrivuir antiguas supersticiones. La luz del ocaso cada vez se volvía más tenue y mi única preocupación se centraba en la elección de un disco para reproducir en ese aparato electrónico del que aún desconfío potentemente.
La elección era sencilla: a mi izquierda, Grandes éxitos de The Rolling Stones; a mi derecha, el último disco de Britney Spears.
Supongo que cualquier chica de mi edad hubiese elegido Britney Spears, yo en cambio, elegí The Rolling Stones. Quizás esa sería una de las pocas cosas "anormales" que haría en mi vida, a excepción de dos cosas más.
La primera: cada vez que alguien me preguntaba, ¿Qué quieres ser cuando seas grande?, pensaba mucho tiempo antes de responder y no presisamente por la cantidad de opciones exageradas de donde elegir, más bien porque simplemente no me interezaba nada. Mi sueño siempre fue el mismo: sobrevivir mi longevidad en medio de música, cine, tv y teatro al lado de mi sexy vecino.
La segunda: me encantaba espiar a James, mi mejo amigo, cuando se ejercitaba o podaba el jardin habiendose quitado su camiseta... ni siquiera la figura bien formada de un deportista se comparaba con semejante espectáculo. Y no es que me sintiera sexualmente atraida por él, mejor dicho, su radiante belleza era difícil de ignorar.
Mis padres están muertos, desde entonces no hablo de ello con nadie. Vivo sola en una casa solariega, a orillas de Valle Gris, un lugar tan tétrico como su nombre.
Junto a mi casa hay una sola casa más, la del Dr. Morland, el papá de James, con ellos vive Austin, su otro hijo y una tonta araña llamada "Pelos".
La esposa del Dr. Morland los avandonó hace un tiempo y a pesar de la falta femenina, su casa es aún más limpia y ordenada que la mía... la típica casa de un doctor, ésto abonado a la única excepción, una habitación a la que llamo "El museo de las armas", la descubrí una tarde mientras buscaba pelotas de tenis. Sabía que él y Austin salian de vez en cuando a cazar venados y aunque me quedaba sola con James todo ese tiempo, me veía obligada a prepararlos como cena...

Mi nombre, Laurie Amy... patético, lo sé, por eso James me llama Laam.
Amo la música, el aire libre y la luz del ocaso... esa hermosa luz que dejó marcada mi historia... una historia de amor, aventura, venganza... y algunas joyas de sangre.
 

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